
22 de Mayo, año 2006.
El tibio cuerpo con el que tanto tiempo me encerré, abrió paso a la lúgubre mirada de fría y vagabunda paciencia, en la nada, creando mi propio mundo, repleto de material vacío y sensaciones efímeras, un cuarto despreciable del que solo un lápiz y un papel mantenía con vida la mecha de una vela que comenzaba a tornarse de una clara oscuridad.
Aquellas bellas emociones, bellas sensaciones, hermosos recuerdos con un dulce sabor a miel, encontraron el cálido rincón del recuerdo en mi mente, mientras que el profundo espiral familiar siguió dando vuelta tras vuelta.
Aquellas bellas emociones, bellas sensaciones, hermosos recuerdos con un dulce sabor a miel, encontraron el cálido rincón del recuerdo en mi mente, mientras que el profundo espiral familiar siguió dando vuelta tras vuelta.

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