
Tu rostro en el umbral,
frente a paredes que te iluminan,
y un corazón latiendo dentro del espejo,
me sonríe tímido, glorioso.
Rostros desgastados en vidrios quebrados,
me seducen al contemplar,
tu armonía y tu canción,
que toca de noche,
en esta mansión, destrozado, agobiado,
llamado corazón.
Y un oscuro parpadeo,
que gatillan a otros más,
destrozan mis ojos,
al contemplar tu sombra que avanza,
a gran velocidad, por los rincones más profundos,
dentro de tristes recuerdos,
mientras el tibio otoño,
se encarga de recordar,
que mis sentimientos ya cambiaron,
debido a que ya no te quiero,
sino que amo, cada día más...
